Indignación

Publicado: 18/01/2021
Autor

Federico Pérez

Federico Pérez vuelca su vida en luchar contra la drogadicción en la asociación Arrabales, editar libros a través de Pábilo y mil cosas

Matrícula de deshonor

Un cajón de sastre en el que hay cabida para todo, reflexiones sobre la sociedad, sobre los problemas de Huelva, sobre el carnaval...

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Observo demasiada gente indignada con el mundo, pero desde ese individualismo pernicioso y egoísta que busca su propio beneficio
No todo en la vida se puede lograr, por mucho que nos esforcemos. Es una premisa con la que tenemos que partir en esta vida si deseamos alcanzar una estabilidad emocional y esa felicidad con la que soñamos. Vivir indignados y enfadados con el mundo es una nueva moda que sólo trae conflictos y más indignación, un bucle absurdo del que no se puede salir sin utilizar la razón.    

Que conste que yo soy un inconformista de base, pero asumo la realidad con la que tenemos que convivir en el día a día, siendo consciente de dichas circunstancias en la que prefiero aferrarme a lo positivo y no atormentarme la existencia y la de aquellos que me rodean esperando cambios que se escapan de mis posibilidades. En esta nueva sociedad de críticas dirigidas se ha degenerado la objetividad y perdemos demasiado tiempo en batallas campales por hechos absurdos condicionados por nuestros propios egos, obviando las verdaderas problemáticas sociales que nos afectan.

Observo demasiada gente indignada con el mundo, pero desde ese individualismo pernicioso y egoísta que busca su propio beneficio, dejando vacíos en esos momentos de necesitad, en los que la unión es el verdadero motor de todo logro. Vivir frustrados y actuar en consecuencia es una actitud inmadura que acota las posibilidades tanto personales como sociales, con una visión nublada, turbia y llena de ese orgullo insano carente de esa equidad necesaria para transformar el mundo.

La indignación no deja de ser un sentimiento utilizado por ciertos sectores a beneficio de unos pocos, creándose un movimiento a su alrededor que unos y otros guían a su antojo, en el que actualmente nos vemos inmerso. Ser contestatario, inconformista, rebelde ante lo impuesto, no debe hacernos perder la cordura, intentando siempre ser el patrón de nuestras emociones y sentimientos, y no la de aquellos que nos gobiernan.

 

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